junio 30, 2012

LENGÜETAZOS Y DOLOR DE CABEZA


Las glorias de la batería que dejé sobre el escritorio. Visión de insomnio. Piernas de milla y carretera. Cartones blancos y refresco de burbujas. Vello delgado y transparente. Las piernas colgando en el teléfono. El teléfono colgando en los versos, los versos cayendo desde los dientes. Dejé el sueño, las glorias en el auricular y las blancas del teclado. Dejé el deseo.
Cuando en el silencio se gana el piso de la fortaleza. ¿Qué pedirías? ¿Qué pediríamos? Rítmico, color rosado en las mejillas. Dolor en las rodillas y pies acalorados. Recibiremos en furgoneta los kilómetros de piel por la que hay que viajar tocando.
Marchitarán los recuerdos en el tiempo si sabes bailar. Tonterías. Luces en recuadro. Corazón. No tengo sal ni carne en el refrigerador, ni fresas ni cerezas acomodadas en el frutero, ni promesas olvidadas. Caminando sin cabeza, inocente reflexión, inocente intento de voces en silencio.  Ojos a través de la espina, a través de la vértebra. Cama a la deriva sobre la que se observan las aguas. El cuello, las olas, el sueño.
Con temor a no poder detenerme y contarte lo que no deberías escuchar. Las líneas punteadas por las que avanzan las razones y las partículas. Polvo de azúcar blanco y deforme cubre las manos delgadas.  Registrando el discurso que titila en los ojos y que se guarda en las bocas. Orden sin resultado final.
Flor con pétalos en forma de dedos de los pies. Pies con dedos en forma de cabellos largos y negros. Cabellos en forma de granos de arena. Arena como lenguas tiradas a la orilla del mar, saboreando la sal de las olas en forma de láminas de acero.
Recorren los dientes la planta. Suavizan la entrada. Confianza en tela negra y transparente. Diferencia de sabores y lunares.  Glorias. Cuellos de camisa. Rumor. Noches. Lengua acariciando el paladar ajeno. Recorriendo la vena. Envenenando el sabor. Saboreando el corazón producto de las glorias. 


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