Las glorias de
la batería que dejé sobre el escritorio. Visión de insomnio. Piernas de milla y
carretera. Cartones blancos y refresco de burbujas. Vello delgado y
transparente. Las piernas colgando en el teléfono. El teléfono colgando en los
versos, los versos cayendo desde los dientes. Dejé el sueño, las glorias en el
auricular y las blancas del teclado. Dejé el deseo.
Cuando en el
silencio se gana el piso de la fortaleza. ¿Qué pedirías? ¿Qué pediríamos?
Rítmico, color rosado en las mejillas. Dolor en las rodillas y pies acalorados.
Recibiremos en furgoneta los kilómetros de piel por la que hay que viajar
tocando.
Marchitarán los
recuerdos en el tiempo si sabes bailar. Tonterías. Luces en recuadro.
Corazón. No tengo sal ni carne en
el refrigerador, ni fresas ni cerezas acomodadas en el frutero, ni promesas
olvidadas. Caminando sin cabeza, inocente reflexión, inocente intento de voces
en silencio. Ojos a través de la
espina, a través de la vértebra. Cama a la deriva sobre la que se observan las
aguas. El cuello, las olas, el sueño.
Con temor a no
poder detenerme y contarte lo que no deberías escuchar. Las líneas punteadas
por las que avanzan las razones y las partículas. Polvo de azúcar blanco y
deforme cubre las manos delgadas.
Registrando el discurso que titila en los ojos y que se guarda en las
bocas. Orden sin resultado final.
Flor con pétalos
en forma de dedos de los pies. Pies con dedos en forma de cabellos largos y
negros. Cabellos en forma de granos de arena. Arena como lenguas tiradas a la
orilla del mar, saboreando la sal de las olas en forma de láminas de acero.
Recorren los
dientes la planta. Suavizan la entrada. Confianza en tela negra y transparente.
Diferencia de sabores y lunares.
Glorias. Cuellos de camisa. Rumor. Noches. Lengua acariciando el paladar
ajeno. Recorriendo la vena. Envenenando el sabor. Saboreando el corazón producto
de las glorias.

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