octubre 29, 2011

Muertito/Muerto


Muertito
Hacíamos un arco con flores de cempazúchitl, lo colocábamos cerca de la puerta llenándolo de comida,  tamales, zacahuil, mole. Un banquete por aquellos que regresaban. Encendíamos las veladoras.
Cerca del altar se colocaban el pan y las frutas, el agua para recibirlos. Cerca del pan y las frutas un plato con sal y cerca de la sal comenzaba el camino de pétalos hacia la puerta de la casa y de ahí hacia la calle empedrada. Con gusto observábamos cientos de caminos iguales saliendo de todos los hogares del pueblo.  Sonaba a la distancia la música alegre de la gente que pasaba todo el año esperando el ritual donde se adelgaza el hilo de la vida y la muerte. Familias enteras esperando. Familias enteras añorando a los que se fueron.  

Muerto
Que se quemen tus pupilas con el resplandor de este mar blanco que tienes frente a ti. Que se quemen y que diluyan en tu cerebro la última imagen que ves. Tan asombrosa como la piel erizada en el momento del sexo. Del placer.
Que atribuyan a mi persona la lucidez de esta relación alocada. Que me culpen, que me juzguen por sentir hacia ti el delirante complejo de necesidad. Que me sentencien a muerte si es necesario, que me manden a la hoguera como bruja peligrosa, que me encierren en una bodega sin techo esperando al sol como vampiro seductor, como monstruo despierto y alerta.  Que huyan todos al verme, porque de mi saldrá el humo denso y profundo de lo incandescente.
Que se coman las larvas la piel que me cubre, que la devoren sin prisa, sin refugio alguno, sin pena, sin cohibición. Que copulen en mi tumba para que se reproduzcan como fruto de la muerte. Porque es de esta carne de la que emana la pasión. Porque es de estos huesos de donde sale la locura. Que no sobrevivan ni mis cabellos, que no sobrevivan ni mis uñas. Que se maten a golpes las palabras que jamás se han dicho, en ninguna lengua, en ningún idioma.
En el eterno descanso que crezcan de mis entrañas hierbas y plantas silvestres, que broten de la tierra y respiren cuando yo no lo haga, que sus raíces chupen la última gota de sangre que me quede, que la succionen. Que la laman con sus lenguas llenas de tierra y podredumbre. Que dejen mi cuerpo hecho nada, ni siquiera polvo. Que sea tal su hambre y salvajismo que aun en la tumba me carcoman. Que espere sin opción el momento del regreso, no de la resurrección, sino del llamado de las venas, el llamado a casa. Mientras tanto que florezcan en rosa y amarillo, en pétalos de lumbre y suelo como fogón que las calienta.



septiembre 27, 2011

Trident Xtra Care del 27 de septiembre.


Quiero tenerte entre las manos, para poder masticarte como chicle de menta. Para poder diluirme entre el sorbitol de tus pensamientos, maltitol de locura y humectante (glicerina) de tus labios.  Eres como los saborizantes naturales y artificiales, (menta) del recuerdo. Me detengo entre tu pelo como goma arábiga, en medio del esterato de sodio de tus dientes, aspartame de la duda nocturna y llena mi cama con el fosfato de calcio que emana de tu piel, proteína de leche, colorante inorgánico. Asesúlfame, te lo pido entre besos y abrazos. 
Son estos días los que me hacen querer vivir hasta el infinito.

agosto 07, 2011

Hormigas

Van caminando por el filo de tu silueta las hormigas, cuidadosas de cosquillear sobre tu cuerpo con sus patas juguetonas. Caminan por el filo de tu nariz, cargan una hoja gigante, avanzan sin la más mínima prisa. Caminan sobre tu pecho, entre tu cuello, en medio de tus axilas, recorren tus largos brazos, se detienen en la parte interna de tus muñecas y hacen círculos entre todas, para que te excites y para que las notes.
Van caminando las hormigas y sus antenas detectan las pequeñas gotas de sudor que resbalan por tu espalda, pequeñas y morenas, suaves y definidas, iluminadas por el sol de la tarde. Caminan las hormigas bajo el soleado tedio de la semana, caminan bajo el aparente hastío de la vida, no lo notan, deslizan su cuerpo frágil por tu abdomen y se detienen un momento para oler las motas de luz y sombra que producen las hojas de los árboles sobre tu cuerpo desnudo, tirado sobre la hierba, sobre los trozos de madera caídos de los troncos, sobre las hojas secas colocadas como tapete debajo de ti.
Van caminando las hormigas olvidándose de que anochece, embriagadas, alucinadas, sin la más mínima orientación natural, sumergidas en el vaho que emana de ti, extasiadas por el sabor que provoca tu entrepierna, rozan el espacio milimétrico en el que se encuentran y pequeñas descargas eléctricas doblan ligeramente tu columna, las hormigas se mueven a destiempo para desnudar tu placer, para evidenciarlo, para sentirte en medio de la desesperación. Son inteligentes y te muerden, te recorren, te dibujan sobre la piel el incontenible precio de la noche, de los árboles que te cobijan, del suelo debajo de ti, de mis ojos que te observan, de tu sexo que me llama.
Van caminando las hormigas y la noche se antoja iluminada.



mayo 26, 2011

Serie de sueños esperanzados.

Sueño primero: Que toques en la entrada para que te escuche, que golpees la puerta con el filo de tus labios, que asumas la vacuidad de la mañana despoblada mi cama de ti. Que revuelques tus pasiones y tu vello púbico contra mis manos, mi cara y tu delirio.  Que anotes el número de las placas de los que nos apuntan con su luz sobre las pupilas. Que nos dejemos desfallecer antes del final de la vida, para compartirlo todo. 

Sueño segundo: Introduzco mis manos con los dedos separados entre el saco de semillas de frijol, el placer adormece, cosquillea en la palma y recorre los nudillos. Meto con cuidado el principio de mi dedo índice en el centro de una gelatina de limón, la sensación es para derretirse.  Toco con la punta de mi lengua un poco de sal esparcida sobre la mesa, el roce mini rocoso es complaciente. Recorro con la nariz los dobleces, extremidades, curvas, poros, vellos, escondites, hendiduras, renglones del mundo, la locura es imparable. Me robo una sandía, me persiguen los payasos.

Sueño tercero: Dejo que a mi cuerpo le caiga un chorro de agua fría, que empiece en la cabeza, que luego se deje ir por la espalda y que atrevidamente me moje el trasero. Dejo que a mi cuerpo lo cobije un manto de vapor, que le envuelva con calor los pies, suba por las piernas desnudas, atraviese el sexo, el abdomen, el pecho y la cara. Le doy permiso al frío azulejo de que se cargue mi espalda, que se agarre de las plantas de mis pies.  Toalla, jabón, papas fritas y sprite de litro para compartir.

Sueño cuarto: Que asumas el simple enojo del atardecer, que asumas el mayor enojo de la noche, que no te pierdas en distracciones del ir y venir, que como un libro estúpido de superación personal trate de venderme frente a la acera de mi casa, que jamás descubramos la nube de plata que te vio descender del infierno, que seamos dioses desabridos por falta de crema de cacao. 

Sueño quinto: Dejo que mi cuerpo te penetre, me penetre la almohada. Te penetre la cascada de sensaciones, me penetre el aceite de nube. Dejo que anochezca en esta serie de sueños de celos. 

Sueño sexto: Delirio. Negros muy negros, luces muy ausentes. 


febrero 16, 2011

De sexo y otras conexiones

De pronto pareciera que el mundo gira alrededor de la vida frente al computador. Te levantas y probablemente, antes de cualquier otra cosa abres tu cuenta de Facebook, revisas el status de personas que, en muchas ocasiones, ni siquiera conoces, publicas en Twitter el "cómo amaneciste y tus planes del día", aunque puedan ser falsos y cumplan con la mera necesidad de mantenerte en "contacto" con tus ciber-amigos. El chisme cibernético dirán unos, la necesidad de sentido y existencia, dirán otros más. 

Qué importa si el desayuno se encuentra servido, contar con una Laptop te permite digerir, sin saborear, los alimentos y conversar al mismo tiempo con tus amigos en línea, que del otro lado de la pantalla tampoco ponen atención a la conversación familiar. 

Otro dato curioso, pero que nadie puede negar, es la extraña fijación de muchas personas por publicar, "sin afán pretencioso", los lugares que visitan y las personas con las que están. Si tu viaje o tu salida está siendo tan interesante, ¿qué necesidad hay de estar pegado al teclado y la pantalla del celular con conexión inalámbrica a internet? ¿acaso el lugar y la compañía no son suficientes? 

No tengo problema alguno con contarle a la gente lo que estás haciendo y el lugar en que te encuentras, pero ¿en verdad nos interesa saber si alguien está tomándose un café en Starbucks o cenando en Shiroi ie? En ocasiones me pregunto si el fin último de estas publicaciones es una invitación para que lleguemos a hacer compañía o una estrategia de propaganda por parte de las empresas a las que vamos. Por que si es una invitación, la prefiero  anticipada, digo, pa' alcanzar a llegar. Si es la segunda opción, espero que estén recibiendo un pago por parte del lugar, la publicidad también se cobra, no olviden eso. En fin, las cosas son y ya.

Un punto aparte, pero no alejado, es el llamado sexo por internet. Pero ¿a qué hace referencia este concepto? ¿A masturbarse frente al teclado y el ratón?, ¿a mantener videochat con desconocidos mientras se habla de cualidades sexuales poco comprobables?, ¿a navegar por páginas de pornografía gratuitas con la puerta de la habitación cerrada?

La referencia no importa, lo que sí es la relación amorosa-sexual que se entabla con la computadora. ¿Los nuevos juguetes sexuales tendrán consigo una conexión a internet? O tal vez una publicación constante en Facebook de la posición en que te encuentras, o un seguimiento en Twitter paso a paso, o dedo a dedo, sobre tu desempeño sexual.  ¿Qué más da?

¿Algo en contra por mi parte frente al uso del internet y la computadora? La verdad es que no, creo que las formas de relacionarnos cambian. Igual que muchos, el tiempo que paso frente al monitor es considerable. Sólo que los cuestionamientos anteriores llevan rato haciéndome ruido en la cabeza y los quería compartir. ¿Alguna opinión?

Ya para dejar de dar lata, les comparto esto que encontré en internet. No pongan atención a los colores, son indistintos. Yo  lo llamaría como a esta entrada; "De sexo y otras conexiones"

Saludos.

enero 30, 2011

Lo no religioso


Fueron aquellas luces de neón las que le desorbitaron la mirada, combinación de la música y las inyecciones de alcohol en el cuerpo. De pronto la oscuridad lo cubrió y lo tradujo, mágicamente, en postre de deseos. Fue la iluminación del antro barato, del antro gay, del antro dubitativo.
El sonido electrónico palpaba su cabeza, su estómago. Tocaba sus venas y las recorría, bailaba descontrolado, con las manos en el aire, con la playera en el piso, con el primer botón del pantalón desabrochado. Era sexual. Sólo eso.
Había en el ambiente una pronunciación de no-identidad, una partícula de complicidad con todos los que ahí se encontraban. Artemio lo veía de lejos, lo disfrutaba, lo olía entre el humo de los cigarrillos encendidos. Artemio no lo conocía pero le encantaba. Él seguía bailando sin detenerse, seguía moviéndose.
Jarra azul, alcohol de baja calidad con boleto directo a la cruda matutina que en ese momento no importaba. Artemio se metía la mano entre el pantalón y descubría a un tercero en discordia que no era otra cosa más que una extensión de él mismo. Jarra azul en una iluminación de colores. Jalaba entonces de su empaque mentolado de Benson el tercer tubo de alquitrán, nicotina y monóxido de carbono, lo encendía con una mano sin desocupar la otra, la que se revolvía entre la mezclilla y el algodón.
Él seguía en trance sin percibir nada más que el bajo de la canción abrumadoramente erótica.  Artemio seguía en trance sin percibir nada más que el límite vibrante del filtro del cigarrillo.
Caminó, sin pensarlo, hacia él, hacia el monumento andrógino en movimiento, tiró el humo al piso. Llegó al otro lado del lugar, cerca de la pared con dibujos de ángeles, con un árbol seco detrás de su deseo. Se detuvo un instante observando la nuca del otro que no dejaba de bailar. Sin dudar, Artemio lo tomó del brazo, le dio la vuelta, él se detuvo, pero siguió palpitando, vio en la cara de Artemio la sorpresa del desconocido que se atreve. Ambos respiraron. Se respiraron.
Artemio distinguió en los ojos de aquel el brillo de la noche, la manifestación del placer. Las luces no pararon, la música siguió, los otros ni siquiera lo notaron. Artemio deslizó su mano sobre la piel de la espalda desnuda, sintió el borde perfecto, los músculos exaltados, la vibración religiosa de Sebastián. Bajó las manos y acarició su abdomen, su pecho excitado, su piel minuciosa. Resbaló las yemas de los dedos por el borde del pantalón desabrochado, recorrió el inicio del vello púbico que se asomaba como pequeñas raíces recortadas, como frases escritas en el tiempo y sobre la piel de Sebastián.  Ahí descubrió Artemio las heridas que a la distancia no podían verse, los pequeños cortes de flecha ya sanados, cicatrizados. Sebastián sonrió.