Camina, los pies se despegan del suelo en silencio y atraviesa sin poner atención, casi es atropellado, la defensa del coche roza sutilmente su pantalón. Su corazón late fuerte y por un instante su mirada se distrae de la lectura. El hombre al volante le grita. Las palabras revueltas son ignoradas, regresa a las letras.
Llega a su coche, entra y coloca un separador en la página 59, cierra el libro, lee el título sobre la portada; El atropellado. Arranca el motor y avanza hacia su trabajo, enciende la radio y la canción que suena lo lleva a pensar en su casa, en las fresas que dejó sobre la mesa, piensa en el sabor, en la acidez. Ignora el rojo del semáforo por descuido, por accidente y golpea fuertemente a un vendedor de fruta que atraviesa la calle. El libro resbala del asiento del copiloto, cae. Baja del auto con miedo, desesperado. Ruedan por la calle las frutas, frutas rojas. Un hombre termina de leer esto y cierra el libro para subir a su coche, piensa todo es un círculo vicioso.


